Lonchafinismo: Definición y ejemplos

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El lonchafinismo es un concepto relativamente nuevo en el mundo de las finanzas, pero ha venido para quedarse. 

¿El motivo?

Describe un tipo de comportamiento y de enfoque del mundo de la inversión muy frecuente en nuestros días. 

Sírvete un buen café que nos ponemos manos a la obra. Después de leer este artículo sabrás todo lo necesario para entender este concepto.

¿Qué es el lonchafinismo?

Entendemos por lonchafinismo la práctica del ahorro llevado al extremo

De hecho, el nombre proviene (un poco en tono de broma) de aquellos que hacen bocadillos usando lonchas muy finas de embutido, porque, de esta forma, ahorran.

Cuánto ahorro es demasiado ahorro?

Pero, date cuenta, cuando haces un bocadillo con lonchas más finas, en realidad, estás engañándote a ti mismo: sí, las lonchas son más finas, pero, o bien comerás menos, o bien tendrás que añadir más lonchas a tu bocadillo.

Por eso este término es tan bueno para definir lo que queremos definir: el lonchafinista sacrifica mucho para ahorrar (come menos) y, además, ese ahorro es poco útil (deberá comer más antes o después para compensar –salvo que quiera pasar hambre).

Por tanto, en conclusión, podemos decir que el lonchafinismo consiste en una mala relación con el ahorro

Igual que hay malas relaciones con la comida que conducen a la anorexia o la obesidad, hay malas relaciones con el ahorro, que conducen al lonchafinismo.

¿Por qué existen los lonchafinistas?

En general, el lonchafinista se crea durante los primeros momentos en los que empieza a informarse sobre finanzas personales y, después, se mantiene por la satisfacción de los pequeños ahorros, que tienen un efecto positivo en el cerebro.

Vamos a verlo:

Lonchafinismo: el origen

En general, el lonchafinismo surge cuando una persona que, tradicionalmente, no se había preocupado lo más mínimo por las finanzas personales, empieza a interesarse por ellas.

¿Qué es el lonchafinismo?

En este punto, se da cuenta de que tiene una gran cantidad de gastos innecesarios, quizá algunas deudas que le roban posibilidades mes tras mes, objetivos imposibles (o ausencia de objetivos, directamente).

En esta situación, se da cuenta de que debe ahorrar. Y lo hace. Ahorra. Y, claro, las primeras veces que uno ahorra, consigue mejorar sustancialmente su situación.

Por ejemplo, supongamos una pareja que ingresa 3.000€ al mes y que tiene unos 1.500€ de gastos necesarios (incluyendo ocio), pero que también tiene 1.000€ de gastos innecesarios. Además, tiene una cuota de hipoteca de 400€.

Le quedan para ahorrar 100€ al mes.

Cuando descubren el mundo de las finanzas personales y se ponen a arreglar su situación, rápidamente logran ahorrar 1.100€ al mes. Este ahorro es muy fácil de conseguir e implica poca pérdida, porque era gasto en chorraditas.

Y, tras esto, lo lógico es pensar que puedes ahorrar más, porque le coges el gustito. Y, por tanto, te vas al otro extremo.

Vienes de gastar más de lo que deberías y te pasas al otro extremo, que no es el ahorro sano y razonable, sino el ahorro extremo que implica importantes sacrificios.

El retorno del lonchafinista

Ahora, esto no sería un problema si, al cabo de un tiempo, te dieses cuenta de que estás haciendo el tonto y empezases a limitarte a ahorrar esos 1.100€ al mes, que no está nada mal. 

Pero esto no sucede, porque tu cerebro va obteniendo pequeñas descargas de dopamina cada vez que consigues un pequeño ahorro adicional. 

Al llegar a este punto, el espíritu lonchafinista empieza a aparecer, y te dice: “¿te ha gustado este ahorro? ¿Por qué no ahorras también los 50€ de esa noche que cenáis fuera?”.

Y continúa: “¿Por qué no ahorras también comprando más marcas blancas en la compra?”.

Y cada vez que ves que has ahorrado un poco de dinero, tu cerebro disfruta. Tal y como sucede con las drogas. Así que el lonchafinista se vuelve adicto a serlo.

Y por eso el lonchafinismo se mantiene, a pesar de que los ahorros adicionales que va consiguiendo cada vez son menores y tienen un coste mayor (de esto, hablamos un poco más más adelante).

Por eso, muchos lonchafinistas lo son sin dificultad, porque es casi “una forma de ser”.

¡Cuidado! El lonchafinista elige serlo

Hay que hacer aquí un comentario importante, para que no haya ninguna confusión: el lonchafinista elige serlo, aunque no tenga necesidad de serlo.

Es decir, una persona que sólo gana 600€ al mes y tiene que vivir con eso, no es lonchafinista. Es una persona que lo está pasando mal porque no le queda más remedio.

El lonchafinista podría vivir mucho mejor, pero decide no hacerlo.

Es importante hacer la distinción, porque, de lo contrario, perderíamos el significado real del término.

El lonchafinista no es una persona pobre, es una persona que vive como un pobre porque tiene una relación malsana con el ahorro.

En el punto medio está la virtud

A lo largo de los anteriores apartados venimos repitiendo la idea de que el lonchafinismo es una relación poco sana con el ahorro. Y así es.

Como hemos dicho, el lonchafinista suele venir de un estado de gasto descontrolado por desconocimiento de lo más básico sobre finanzas personales y acaba en esta relación malsana con el ahorro.

¿Cuánto vale la pena ahorrar?

De hecho, si hay algo coherente y estable en esa persona, es la mala relación con el ahorro que tiene: al principio por defecto y, después, por exceso de ahorro.

Si tú no quieres ser ni un manirroto ni un lonchafinista, debes hacer caso a Aristóteles: “La virtud es el punto medio entre dos vicios opuestos: el vicio del exceso y el vicio del defecto”.

El punto medio es dejar de gastar hasta ese nivel en el que cada pequeño euro adicional ahorrado nos supondría una excesiva reducción en nuestro nivel de vida. 

Así de fácil.

¿Qué beneficios aporta el lonchafinismo?

A continuación, te indicamos los principales beneficios del lonchafinismo:

1️⃣ Ahorras

El primer beneficio del lonchafinismo es, obviamente, que ahorras.

¡Vaya gracia si no! 

Lo único bueno que tiene el lonchafinismo es que, efectivamente, ahorras. Y eso es obvio que es un beneficio.

Otra cosa es que ese ahorro no compense los costes asumidos, pero es un hecho que, en términos absolutos, el lonchafinismo permite ahorrar.

2️⃣ Te acostumbras a vivir con poco

Otro beneficio del lonchafinista es que te acostumbras a vivir con poco. Y esto es algo positivo, porque nunca sabes cuándo se puede ir el mundo a pique. Si tú estás acostumbrado a vivir con poco, podrás manejarlo.

Obviamente, no hace falta que el mundo se vaya a pique para que esta costumbre sea útil. Basta con que haya una buena crisis que obligue a la gente a apretarse el cinturón.

Si eso sucede, el lonchafinista ya estará acostumbrado y el shock será menor.

Ahora bien, ¿es algo que compense? 

El riesgo de que llegue una crisis tan fuerte como esa es relativamente bajo. Si llegase, con un ahorro aceptable, ya estarías bastante protegido. Y, además, vivir mal por si llegan las vacas flacas y toca vivir mal no parece el mejor plan.

Pero, sí, a pesar de estos últimos comentarios, es un hecho que el lonchafinismo te prepara para vivir con poco, lo cual siempre está bien frente a la incertidumbre futura.

3️⃣ Cuanto más lonchafinista, más robusto

Y, por último, y un poco al hilo de lo anterior, el lonchafinista es más robusto que el que no es lonchafinista. Por la sencilla razón de que tiene menos riesgo de caer desde la posición en la que está.

Una persona que gana 3.000€ al mes y gasta los 3.000€ al mes, está en una situación de fragilidad ante cualquier reducción de sus ingresos. 

La misma persona, pero gastando 1.500€ al mes, está en una situación de fragilidad ante cualquier reducción de sus ingresos de más de 1.500€.

Pero el lonchafinista, si vive con 1.000€ al mes, tiene un margen de 2.000€ para mantenerse robusto y no caer en el área de la fragilidad.

Y, además, como está acostumbrado a privarse de muchas cosas por un mínimo ahorro, incluso si tuviera una reducción de más de 2.000€ en sus ingresos, sería más capaz de reducir aún más sus gastos y lidiar mejor con esa fragilidad.

Porque ya está acostumbrado.

¿Qué problemas tiene el lonchafinismo?

Y, ahora, veamos los problemas que tiene el lonchafinismo (como verás, son bastantes más):

1️⃣ Ahorro limitado

Un problema importante del lonchafinismo es que tiene un ahorro potencial limitado. Al fin y al cabo, no puedes ahorrar más que el 100% de lo que ingresas. Eso, en teoría, porque, en la mayoría de casos, esto no es así.

Esto podría ser válido para aquellas personas que son jóvenes y viven con sus padres, por ejemplo. Pero, a poco que te independices, vas a tener una serie de gastos de los que no puedes huir.

Así que tu ahorro potencial es: Ingresos – gastos imprescindibles.

A partir de ahí, no puedes ahorrar más.

Pero eso, llegados a cierto punto, no tiene sentido seguir ahorrando. De ello hablamos en más profundidad un poco más adelante.

2️⃣ Empeora tu calidad de vida

El siguiente punto negativo es que empeora tu calidad de vida. Y, ojo, que esto no siempre es malo. Al fin y al cabo, cualquier ahorro empeora tu calidad de vida (al menos, en términos inmediatos y referidos al consumo).

Sin embargo, el lonchafinismo es una degeneración del ahorro. Ya lo hemos dicho: Una relación malsana con el ahorro. Por tanto, deteriora tu calidad de vida de una forma excesiva.

En general, el lonchafinista tiende a sacrificar cierto ocio que podría ser muy positivo para él a nivel mental y emocional, lo cual puede producir problemas de ansiedad, depresión, etc.

Pero también pueden darse problemas físicos. Por ejemplo, si buscas ahorrar lo máximo posible en la compra, puede que acabes apostando por alimentos de mala calidad y sacrificando una buena alimentación por ahorrar cuatro euros. 

El lonchafinismo afecta negativamente a la calidad de vida. Y, cuanto más lonchafinista se es, más negativamente se ve afectada la calidad de vida.

3️⃣ El tiempo juega en tu contra

El siguiente punto es que el tiempo juega en tu contra. 

Y no por el efecto de capitalización compuesta. No. Ahí juega a tu favor (como dijimos, estás ahorrando más y, por tanto, estás capitalizando más y más rápido).

El tiempo juega en tu contra porque el consumo vale más hoy que mañana. Y no por una cuestión económica, sino biológica.

Disponer de 100€ con 18 años ofrece mucha más felicidad, diversión e historias memorables que disponer de 100€ con 40 años.

Ser excesivamente lonchafinista implica sacrificar eso para dejar para después de los 50 o 60 el ocio

Es un trato que no te va a salir bien.

4️⃣ Puedes perder dinero

El siguiente punto negativo es que, aunque parezca mentira, puedes perder dinero.

Pongamos por caso que eres un autónomo que gana, de media, 20€ la hora. Y eres lonchafinista, así que, cada vez que vas a hacer la compra, dedicas una hora a ir a tres supermercados distintos para aprovechar todas las ofertas.

Gracias a esas ofertas, ahorras 10€.

Pues bien, has perdido 10€.

Al fin y al cabo, si hubieses trabajado esa hora, habrías ganado 20€, ¿no?

El lonchafinismo puede hacer que pongas tanto foco en una única cosa (el ahorro) que acabes perdiendo perspectiva y no obteniendo los beneficios podrías conseguir por otro lado

5️⃣ No está socialmente bien visto

Otro aspecto negativo del lonchafinismo es que no está bien visto socialmente. Que, bueno, esto podría darnos un poco igual, pero lo cierto es que todos queremos ser aceptados socialmente. Y el ahorro excesivo no tiene buena prensa. Serás el tacaño de tu familia o grupo de amigos.

Si eres una persona que pasa bastante de lo que digan los demás, no tendrás mucho problema con este punto negativo. Pero debes saber que sucederá. Además, te dificultará hacer nuevas amistades y encontrar pareja.

Si lo tienes en mente y, aun así, te da igual, entonces sin problemas.

6️⃣ Tu pareja no va a estar de acuerdo

Por último, y debido, en parte, a lo anterior, es muy probable que no tengas una compañera de viaje. Al fin y al cabo, querer vivir con tan poco, es algo que muy poca gente está dispuesta a hacer. 

Por lo tanto, salvo contadas excepciones, es muy probable que tu mujer (o tu marido, quien sea) no esté alineada con tus intereses de ahorro lonchafinista, y eso genere fricciones. ¡Y con razón!

¿Cuál es nuestra recomendación?

Nuestra recomendación es simple: ahorra hasta el punto medio virtuoso que hemos comentado antes

Una vez estés ahí, deja de tratar de aumentar tu ahorro. Si quieres más dinero disponible para invertir o para lo que sea, aumenta tus ingresos.

Y es que esta es la clave de todo: el aumento de ingresos es potencialmente infinito, mientras que el ahorro está limitado.

Es parecido al ponerse largo o ponerse corto en activos financieros: cuando te pones corto, la posible ganancia está limitada y la posible pérdida es potencialmente infinita. Cuando te pones largo, la posible pérdida está limitada y la posible ganancia es potencialmente infinita.

Con el ahorro y los ingresos sucede lo mismo. 

El ahorro es como ponerse corto: La ganancia que puedes obtener está limitada, porque no podrás ahorrar más una vez llegues al punto de estar ahorrando todo gasto no necesario.

En cambio, la generación de ingresos es como ponerse largo: el potencial de ganancia es infinito (bueno, es una forma de hablar), porque puedes crear sistemas que generen ingresos enormes.

Cómo invertir con poco o muy poco dinero

Y lo mejor de todo es que, dependiendo del tipo de sistema que crees, ese aumento de ingresos te afecta muy mínimamente a tu nivel de vida. 

Muchos de estos sistemas se pueden gestionar sin apenas trabajar en ellos (por ejemplo, ciertas webs que generan ingresos semi-pasivos).

Así que no sólo conseguirás un mayor potencial ahorro gracias al aumento de ingresos, sino que lo harás con un menor perjuicio para tu calidad de vida. 

Ahora ya sabes lo que deberías hacer

  • Ahorrar hasta un punto medio razonable en el que vivas bien y ahorres mes a mes.
  • Aumentar tus ingresos.

Eso es todo.

Como ves, el lonchafinismo lleva tiempo entre nosotros, pero, ahora, tenemos una palabra para identificarlo. 

Ahora, te toca a ti: ¿quieres ser lonchafinista y ahorrar un poco más de dinero cada mes a costa de sacrificar buena parte de tu calidad de vida? ¿O prefieres aumentar tus ingresos?

Aurelio Jiménez

Aurelio Jiménez es Economista, lleva más de una década como profesor de Economía, además de ser copywritter especializado en temas financieros. En su larga trayectoria como economista y divulgador financiero ha escrito para entidades como BBVA, Rankia y El Blog Salmón, entre muchas otras. En total ha escrito más de 3.000 artículos, la mayoría sobre temas de economía, ahorro e inversión. Linkedin

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